Empecé a fotografiar a los Flores, mi familia extendida, mucho antes de darme cuenta que estaba haciendo una obra sobre ellos. En tanto cursaba la carrera de cine, los filmaba para hacer pequeños trabajos audiovisuales. De esta manera, mi mirada hacia ellos comenzó a ser más cada vez más atenta. La primera fotografía que consideré un encuentro fotográfico fue en navidad del año 2009 (la primera de esta edición); en el centro, el padre sosteniendo a su hijo recién nacido, el beso en la mano a uno de los mellizos, la mesa navideña con los restos de comida, todos mirando a la cámara y desplegando algo de su personalidad. A partir de esa foto, decidí llevar mi cámara a todos los encuentros familiares. Me interesan las fotografías grupales, en especial cuando el grupo familiar comparte la mesa. De las interacciones grupales surge una coreografía azarosa en la cual la fotografía congela gestos y secretos vinculares que revelan algo que escapa a la simple vista. Mi fascinación estética por ellos fue creciendo año tras año. El cine fue un motor inspirador para realizar esta serie, en particular el universo familiar de las películas del director Luchino Visconti, que comparte una intensidad semejante a la raices italianas de esta familia.

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